Lucio Ángel Vallejo Balda – De Parroco de pueblos de “La Cepeda Alta” a Gerente del “Papa Fancisco”

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Fotografia: Pili Suarez (Villagatón)

Fuente: Diario el Mundo – José Manuel Vidal |Actualizado viernes 19/07/2013

PERFIL  | Lucio Ángel Vallejo Balda

El nuevo gerente del Papa

  • El Papa Francisco vuelve a confiar en este riojano recriado en Astorga
  • Con apenas ocho años ingresó en el seminario de Logroño
  • Antes de irse a Roma dejó a todos los curas conectados a Internet
  • En Roma se está situando como uno de los curiales de más peso y proyección

Pone un mohín de contrariedad cuando los periodistas le llamamos “el contable de Dios”, pero Lucio Ángel Vallejo Balda como economista y como curial conoce la querencia de los medios por los términos icónicos. El sacerdote español no le cuenta los dineros al Altísimo, pero sí a su vicario en la tierra, como secretario que es y seguirá siendo de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. Y ahora añade a su cargo el de gerente del Papa como coordinador de la comisión para la reforma administrativo-económica de la Curia. Todo un signo de confianza papal en él y en la Obra a la que pertenece.

De hecho, hasta ahora todos los balances y los presupuestos de la Curia romana y de la Ciudad del Vaticano llevan su firma. Un presupuesto de 250 millones de euros para la Ciudad del Vaticano y de 210 millones de euros para la Curia romana.

Desde ahora, con el IOR en el ojo del huracán, el Papa Francisco, en una de sus primeras decisiones en el ámbito económico, vuelve a confiar en este riojano, recriado en Astorga, curtido en mil batallas pastorales y económicas.

Vallejo Balda nació el 12 de junio de 1961 en Villamediana de Iregua (la Rioja) en el seno de una familia de campesinos de clase media. Su Padre, que quedó huérfano a los cinco años, fue concejal de UCD en dos legislaturas y, durante la dictadura, no pudo ser alcalde por ser hijo de un “rojo”, fusilado por los nacionales en el mes de noviembre de 1936 y enterrado en el cementerio civil de La Barranca (La Rioja).

Y no sólo lo fusilaron a él, que entonces tenía 36 años, sino también a otros dos hermanos, uno de ellos de tan sólo 24 años. En cambio, su otro abuelo, Ángel, fue concejal de Franco toda la vida. El drama de aquella época quedó plasmado en el nombre del ahora sacerdote. Lucios Ángel. Lucio por su abuelo “rojo” y Ángel por el otro abuelo “azul”. La reconciliación de las dos Españas.

Vocación temprana

Desde muy niño quiso ser cura y, con apenas ocho años, ingresó en el seminario de Logroño. Allí cursó todos los estudios eclesiásticos con buenas notas. Jovial, campechano y hasta guapo, ya entonces se hizo querer por parte de superiores y compañeros. En el seminario entró en contacto con el Opus Dei y pertenece a la Hermandad sacerdotal de la Santa Cruz desde entonces. Suele decir que es “el peor ejemplo de cura de la Obra que se pueda encontrar”, pero también asegura que el Opus le ayuda y le exige. “Soy un poco desordenado y tener a alguien que me empuja y me exige me hace mucho bien”, dice.

Al terminar los estudios del seminario, sus superiores decidieron enviarlo a Burgos, para que se licenciase en Teología Espiritual en la Facultad del Norte de España. No contento con una licenciatura, se fue a Salamanca, donde consiguió, casi a la vez, el doctorado en Teología por la Pontificia y el título de Derecho por la Universidad Nacional de Educación a Distancia.

Con todo ese bagaje intelectual en su haber, el joven Lucio Ángel era una “perita en dulce” para cualquier obispo diocesano. Y, por simples circunstancias familiares, optó para ordenarse sacerdote por una diócesis antigua pero poco vistosa: Astorga. Allí le impuso las manos el entonces prelado titular Antonio Briva Miravent, el 1 de agosto de 1987. Tenía 26 años y un brillante futuro por delante.

Aunque su carrera comenzó por la base: de cura de pueblo. Concretamente, inició su andadura pastoral en Pedralba de la Pradería, Calabor, Rihonor, Santa Cruz de Abranes y Lobeznos, pueblos de la zona de Sanabria, donde se ganó a la gente y a los compañeros de la zona. Tanto es así que, cuando veían al obispo, solían decirle: “Don Antonio, ¿sabe usted el diamante que tiene usted escondido en estos pueblos?”.

El obispo, sabedor de sus buenas dotes personales, tres años después de su aterrizaje pastoral en la zona se lo llevó a Astorga y lo nombró ecónomo diocesano, el encargado de los cuartos de la diócesis, el más joven de España en su puesto. Y entre cuartos, gestiones, inversiones, presupuestos y balances estuvo desde los 29 a los 50. A él le atribuyen la modernización económica de la diócesis, con poca población, pero muchos kilómetros (ocupa parte de León, Zamora y Ourense), con 960 parroquias, unos 250 curas y más de 1.500 parroquias y templos.

Aficionado a las nuevas tecnologías (utiliza asiduamente Ipad e Iphone) y sabedor de su eficacia humana y pastoral, antes de irse a Roma dejó a todos los curas conectados a Internet e informatizados todos los despachos de la curia maragata.

Pero como no sólo de números vive el hombre, el padre Vallejo también se responsabilizó de la Cope y de Popular Televisión de su diócesis de Astorga. Y, además, nunca abandonó las tareas pastorales. En los últimos años, dada la escasez del clero, llegó a atender 13 parroquias repartidas por toda la comarca de la Cepeda: Vega Magaz, Zacos, Porqueros, Vanidodes-Benamarías, Valbuena de la Encomienda, Villagatón, Requejo-Corús, Brañuelas, Culebros y Los Barrios de Nistoso (Nistoso, Villar y Tabladas).

Un economista autodidacta con experiencia sobrada

No se especializó en carreras de números, pero aprendió rápido y, con la experiencia, se convirtió en uno de los mejores especialistas de la Iglesia en la materia. Su nombre comenzó a sonar en las esferas económicas de Madrid. El gerente del episcopado, Fernando Giménez Barriocanal, lo conoce y lo estima. Y hasta le pide al cardenal de Madrid que lo llame para ayudarle en el apartado económico de la JMJ 2011.

La JMJ no sólo fue un triunfo pastoral para Rouco y para la Iglesia española, sino también económico. El dúo Barriocanal-Vallejo funcionó a la perfección y consiguió superávit en sus cuentas, algo nunca visto, hasta entonces, en este tipo de eventos eclesiales.

Rouco se quedó con la copla y, como miembro del consejo cardenalicio que asesora al Papa en temas económicos, propuso el nombre del ecónomo de Astorga para ocupar el puesto de número dos de las finanzas vaticanas, sólo por detrás del cardenal Versaldi. El Papa lo nombró, en el mes de septiembre de 2011, secretario de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede, por recomendación de Rouco, pero, sobre todo, por su juventud y por sus 25 años de experiencia contable. Y, como tiene “ángel”, en Roma se está situando como uno de los curiales de más peso y proyección.

A pesar de estar siempre muy ocupado, Vallejo quita tiempo de donde sea para atender a los españoles que llegan a la Curia y no saben por dónde empezar. Con una hospitalidad exquisita y un trato agradable, se hace querer.

Vive en un apartamento sencillo y decorado con piezas y cuadros de los que la gente regala a los Papas y que, en vez de guardarlos en los almacenes vaticanos, se prestan a los curiales para que decoren sus pisos. Allí, en el Largo del Colonnato, frente a la puerta de Santa Ana, vive con su madre, una mujer entrañable, que ofrece sus pastas y buñuelos a la gente que recibe su hijo en casa.

En Roma está haciendo carrera. Vallejo es un sacerdote de buena planta (casi 1,80), bien parecido, buen conversador, moderno, moderado y aficionado a la arquitectura, al arte y a la música. Sin olvidar su dedicación solidaria (es presidente, por ejemplo, de los curas que ayudan a Rusia o amigo y colaborador de Mensajeros de la Paz) y su exquisita espiritualidad. En sus emails, siempre termina con un ruego: “Reza por mí”. Como el Papa Francisco, del que ahora se convierte en uno de sus máximos colaboradores y en su mano derecha… económica.

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