El benjamín de Espadaña – Eugenio de Nora nacio en Zacos (Magaz de Cepeda)

El benjamín de Espadaña ( Diario de León – 07/07/2013 )

EUGENIO DE NORA NACIÓ EN ZACOS, EN NOVIEMBRE  HACE NOVENTA AÑOS. POETA, ENSAYISTA Y PROFESOR, VIVIÓ LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO EN SUIZA, DONDE FUE CATEDRÁTICO.

Fuente: Diario de León – ERNESTO ESCAPA 07/07/2013

Mi descubrimiento de Eugenio de Nora (1923) se produjo en el instituto Padre Isla, cuya biblioteca almacenaba los tres volúmenes intonsos de su estudio sobre La novela española contemporánea 1898-1967.

Un día comenté el hallazgo con el profesor de literatura, que además era director y canónigo de la catedral, y su desdén talar me congeló el entusiasmo. «Son fichas de lectura, pero le falta discernimiento», sentenció. Luego supe que aquella animosidad tenía que ver con la cercanía de Nora a don Antonio de Lama. Los dos eran de Valderas y el prestigio literario de Lama parecía molestarle al chantre Luis López Santos como sólo agravian los conflictos vecinales.

Blas de Otero me contó la impresión que le hizo el reencuentro con Nora, disfrazado de profesor extranjero, con el sombrero tirolés y su traje de indiano. El estudio sobre la novela española sigue siendo obra canónica de referencia. En 1959 recibió el Premio de la Crítica. Tiene dos virtudes tan escasas como infrecuentes: lecturas y criterio. Eugenio (García González García) de Nora había nacido en Zacos, un pueblo de la Cepeda donde su padre tenía una serrería. La familia se trasladó a León en 1932, para que el hijo pudiera estudiar. Entonces viven en la calle Santa Cruz y tienen un garaje en San Francisco, cuyo piso superior ocupan a partir de 1935. La guerra diezma el claustro del Instituto y su padre, a quien requisan el taller, lo envía a cursar cuarto y quinto en los Maristas, donde conoce a Lama. Luego, termina el bachillerato en el Padre Isla.

En 1942, va a estudiar Filología Románica a Madrid, mientras su padre instala el taller en la finca La Fronda, en San Andrés del Rabanedo. En la pensión coincide con el cepedano Ángel González Álvarez y antes de concluir el curso se trasladan al colegio mayor Cisneros, donde también reside Blas de Otero. Allí se hace cargo de la sección literaria de la revista colegial y entra en contacto con poetas jóvenes y consagrados. Luego, participa en la puesta en marcha de la revista Espadaña. Entre 1945 y mediados de los cincuenta publica cinco libros, en buena medida tributarios de la estética funcional de la época: Cantos al destino (1945), que es su revelación, figura entre las menciones del primer Adonais. Amor prometido (1946) recoge sus primeros versos y el último día de aquel año la Federación Universitaria Escolar (la FUE clandestina) imprime en Francia de forma anónima y clandestina Pueblo cautivo, escrito durante el campamento de milicias universitarias en La Granja. El primer tiento se lo da Suárez Carreño y de la edición se encarga Carmelo Soria (1921-1976), que pide las ilustraciones a Álvaro Delgado. La caída en primavera de la dirección estudiantil hizo que el libro no llegara al interior, aunque recibiría respaldos tan valiosos como el que le dio Neruda.

La FUE había sido la organización estudiantil que agrupó el rechazo institucionista a la dictadura de Primo de Rivera y el entusiasmo educativo republicano. Contó entre sus dirigentes con varios leoneses: Arturo Sáenz de la Calzada, que la presidió durante la República, y después de la guerra, Suárez Carreño y Albina Pérez. Albina, que se jubiló como profesora de instituto en León, era una de las intrépidas militantes del Comité Nacional detenido en marzo de 1947, junto a Mercedes Vega, estudiante de Químicas. Entonces le costó quince meses de cárcel en la prisión de mujeres de Ventas.

EL RETORNO DEL CANTOR

En marzo de 1948, Adonais publica Contemplación del tiempo, donde ya se percibe la madurez del poeta, que combina la preocupación existencial con una expresión depurada. Aquel verano, Nora termina el servicio militar y empieza a preparar su tesis sobre Unamuno, dirigida por Dámaso Alonso. Enseguida, orienta su trabajo hacia la novela realista anterior a la guerra, con el que se doctora en 1960. Desde 1949, da clase en Berna, alcanzando en 1970 la condición de catedrático. Siempre (1953) y España, pasión de vida (1954, Premio Boscán) son sus dos últimos libros publicados y en ellos apunta ya el vínculo estético con los poetas del medio siglo, así como el carácter precursor de muchos de sus hallazgos. Según Guillermo Carnero, «es uno de los poetas clave en la poesía española contemporánea, ya que fue el primero, entre los de su generación, en iniciar una tendencia existencialista y crítica al mismo tiempo». Angulares, que da por concluido en 1964, no se publicará exento, sino en la compilación de su Poesía (1975), que edita Provincia. Con la jubilación suiza decidió emprender la vindicación de su nombre poético, orillado por las nuevas presencias y por la redención liberal de sus coetáneos falangistas. Pero quizá ya era tarde. Días y sueños (1939-1992) reúne en 1999 su obra poética completa. Dos años después, recibió el Premio Castilla y León de las Letras.

Fuente: Diario de León – ERNESTO ESCAPA 07/07/2013

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