“El fuego de Sueros de Cepeda”

Hace años, no muchos, hubo en Sueros un fuego doloroso que destruyó una casa con las cuadras adyacentes, en el que pereció parte del ganado. Cuando sonaron las campanas anunciando el fuego, los vecinos, de forma espontánea, formaron dos filas desde el río hasta el incendio: por una, circulaban calderos llenos de agua que se iban pasando los hombres y por la otra bajaban vacíos entre las manos de mujeres y niños. Cuando se apagó el fuego, todos los calderos estaban en un montón. Los había de plástico, de metal, con cintas alrededor del aro, calderos nuevos, viejos y de todos los colores. Incluso alguno tenía algún agujero porque su dueño quiso distinguirlo marcando su nombre a fuego sobre la base de plástico. Cada uno llevó su caldero, o uno parecido. O puede que alguno se quedó sin caldero, pero lo importante fue la utilidad y el servició que prestó el caldero.

Ahora tenemos boca de riego y otros medios más eficaces para combatir siniestros similares. Sin embargo, nos surgió un fuego para el que no estábamos preparados (una sentencia judicial quiere alejar a Julio de la familia con la que ha vivido sus cinco últimos años). Es una sentencia que nos quema. Un fuego, atizado desde fuera, que lejos de contenerse se propaga. Nos asusta a todos. Intimida a los más cercanos. A Julio le abrió una herida que tenía cicatrizada; a su tía paterna le quema el corazón. A nosotros también nos quema la piel y se nos ve, muy dilatado, un sentimiento de rabia y solidaridad. Todos queremos apagar el fuego y tenemos más de 45.000 firmas que son calderos de colores que luchan contra las llamas. ¡Ojalá esta vez también consigamos extinguir el incendio!

Esteban Carrera
Sueros de Cepeda.

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